domingo, 20 de mayo de 2012

EL SOPLAO. No hay una sin dos, ni dos sin tres.

Lo que voy a relatar a continuación, más que crónica es una opinión.

Ha sido una ruta bastante caótica. A los diez minutos de salir empezó a llover y continuó así todo el día. Daba igual que te pusieras el chubasquero o no, te ibas a mojar de todas formas. El agua te entraba por todos los rincones de tu cuerpo. A donde no llegaba la lluvia lo hacía el chirimiri o calabobos. El barro te inundaba las gafas, obligándote a quitártelas, pero es que, sin ellas, se te metía directamente en los ojos, y no ya el que despedía tu propia rueda, sino el de la del compañero que iba delante de ti, o sea, que entre la niebla y el barro a modo de máscara, no veías una mierda.

La temperatura era de unos 9º - 10º, cosa que no estaba nada mal, sobre todo cuando asciendes, (que era la mayor parte del tiempo), pero, amigo…. cuando descendías y cogías un poquito de velocidad, un escalofrío te recorría desde el suelo de la cala de tu zapato hasta el techo del casco; se te helaban hasta los pensamientos (los positivos claro, porque a los negativos les iba el rollo) y deseabas que cuanto antes llegase otro ascenso para volver a coger la temperatura de servicio.

Recuerdo a modo de flashback una imagen que se me quedó grabada. Resulta que en un momento en el que nos incorporábamos a una carretera, la Guardia Civil tenía cortado el tráfico y en uno de los coches que allí estaba esperando a que cruzáramos, tras un cristal empañado por la pegajosa bruma, había una niña de unos 10 ó 12 años, pues bien…….tenía una cara de asombro y perplejidad cuando nos vio pasar, que no pude evitar hacerme un replanteamiento de la situación. Qué cojones hacía yo allí, cayéndome la del pulpo y tragando barro como a nadie le importa. Ese fue el punto de inflexión que me hizo tomar tierra y que sin lugar a dudas cambió mi juicio a cerca de lo que debía de hacer. Claro, hay que tener en cuenta que los pensamientos positivos se me habían congelado y fueron los negativos los artífices de esa decisión. Que le den morcillas al pulpo y al del barro, abandono.

 ………….Y abandoné.

 Personalmente: Cuando se dan estas condiciones tan adversas, pasas directamente al otro lado del filo de la navaja. De disfrutar practicando tu afición favorita, caes a un desanimoso sufrimiento en el que yo, al menos, no decidí tomar parte y me retiré después de estar pedaleando entre agua y barro más de 3,5 horas. Había ido al Soplao a divertirme y participar en un reto, pero no haciéndolo precisamente de semejante guisa. Es más, ni siquiera pude disfrutar de las vistas que me ofrecía el Sistema Cántabro, ya que no podía ver más allá de 50 ó 60 m por culpa de la bruma, que en algunos momentos se podía cortar con un cuchillo.

 Magnocola, con una determinación mayor que la mía y con las prestaciones de un tanque Panzer al que le da igual el terreno que se le ponga por delante por muy angosto que sea, decidió seguir adelante hasta el inicio de la subida a El Moral, donde la organización en vistas de los casos de hipotemia que se estaban dando, decidió cortar por lo sano y suspender (a mi juicio con buen griterío) la prueba.

 Pese a todo, y como siempre pasa con estas cosas, sólo prevalece lo positivo y los que estáis metidos en estos vericuetos, ya me entendéis: “No hay una sin dos, ni dos sin tres”. Como lección queda aprendida, pero como asignatura sigue aún pendiente. Puede que no se haya dado bien la cosa, pero la ilusión sigue viva. No hay miedo.

Para el año que viene se hará, si Dios quiere, un segundo intento, pero esta vez, a ver si es posible que vayamos un grupo más grande y que cuando lleguemos hagamos de temblar las cuevas del Soplao y las calaveras de los que pintaron los bisontes de Altamira.

¡¡¡La unión hace la fuerza!!!

1 comentario:

manuel diaz dijo...

quizas que para el año proximo, me lo proponga y os acompaño, cuestion de organizarse.